“Una raqueta, una lata y una cena”

He estado viendo estos días algunos partidos del “Open de Australia” de Melbourne y no he podido evitar acordarme de mi experiencia en el mundo del tenis durante la cual tuve la oportunidad de vivir desde dentro este torneo del Grand Slam.

Al oír las palabras de Rafa Nadal, tras su eliminación, he pensado en su fisioterapeuta; para un tenista, y para cualquier deportista, es muy duro lesionarse, pero también lo es para aquel cuyo  trabajo es evitar y prevenir esa lesión.

Durante un torneo de estas dimensiones, el trabajo del recuperador, “trainer”  como lo llaman ellos, es muy difícil: tienes que hacer malabarismos para realizar tu trabajo. Normalmente tienen partido día sí, día no, de los que no sabes ni la hora exacta a la que empezará, ni  la duración que tendrá y, ni mucho menos, cuándo acabará. Si a esto le sumamos que casi todos los tenistas juegan también el torneo de dobles, os podéis imaginar, cuan complicado resulta recuperar al tenista del esfuerzo realizado, hacer los ejercicios compensatorios de prevención, y los ejercicios preparatorios para el partido.

El calentamiento se empieza dependiendo de cómo vaya el partido anterior; a veces, empiezas los ejercicios varias veces porque éste se alarga, cuesta mantener el tono muscular y la concentración del deportista, tienes que buscar el equilibrio para no pasarte y que llegue al comienzo del partido ya agotado.

En cada torneo, a parte de los vestuarios, hay unas salas comunes donde trabajan los fisios. Como, en la mayoría de los casos, tienes que recuperar al máximo después de un partido para preparar el siguiente en unas pocas horas, los tenistas pueden acceder a estas salas donde los atienden los profesionales que contrata la organización, o bien son atendidos por sus propios recuperadores. Recuerdo que la primera vez que entré en esta sala, me sentí como una intrusa. El mundo del tenis es muy cerrado: en general siempre son los mismos en los mismos torneos. Es como una gran ciudad que se va trasladando de un torneo a otro, siempre en el mismo orden.

En estas zonas de recuperación, te encuentras varias teles, cestas con toda clase de fruta repartida por todas partes, neveras con bebidas, etc.… Todo el mundo va a la suya, apenas se hablan o se miran.

Yo me puse a trabajar con mi “pupila”. Habíamos terminado un partido y teníamos el siguiente un par de horas después; tras un poco de masaje, movilización y estiramientos, quería acabar el tratamiento con un suave masaje con hielo en las piernas, hombros y brazos. Fui pidiendo hielo y todos mis “colegas” me miraban raro, tenían de todo ¡menos hielo!!! Como mi “pupila” no era una de esas personas a las que puedes dejar esperando, decidí utilizar una alternativa, a mi juicio, muy lógica, fui a la nevera, cogí una lata y le apliqué un masaje en las piernas rodando una lata bien fría, cuando se calentaba, hala, a por otra, y así hasta que terminé. Mi objetivo no era otro que el de recuperar el tono muscular para evitar que se relajara demasiado y poder empezar el siguiente partido con la suficiente tensión. Si dejas el cuerpo dormido, éste no está alerta y se pueden producir las lesiones, pero si no lo recuperas suficientemente del partido anterior, puede llegar la lesión por sobrecarga. Una vez más, debes buscar el equilibrio.

Una vez acabado este segundo partido, realizamos el trabajo, muy suave, de recuperación y compensación, un masaje descontracturante y estiramientos. En este caso también utilizábamos la electroestimulación, tanto para el trabajo compensatorio, como para potenciar aun más los efectos del masaje.

La jornada normalmente acaba con una cena ligera. Nosotras siempre íbamos solas, aunque alguna noche nos unimos al grupo de uno de los clubs más conocidos, donde, “mi pupila”, entrenaba.

Fue mi primera y última noche con ellos, sólo llegar al restaurante, nos saludamos todos, y me presentan, yo era nueva en este “mundillo”. En general, todos los tenistas fueron amables y educados. Uno de los entrenadores (bastante conocido), sin acabar de girar la cabeza para mirarme, me pregunta: “¿has sido campeona del mundo en alguna modalidad?” Me quedo perpleja, y respondo: No. Sigue sin mirarme a la cara y vuelve a preguntar: “¿has entrenado a algún campeón de mundo?”. Sigo sin entender nada, noto como me estoy poniendo colorada, contesto: “No”.

Aun sin mirarme a la cara dice:”Entonces no eres digna de que hable contigo”, ¡y se queda tan ancho!

Como aun no me había sentado, y no veo ninguna señal de que todo sea una broma, doy media vuelta y me voy, “mi pupila” ignora la situación.

Uno de los tenistas que entrena con este gran personaje, viene detrás de mí y me pide disculpas por el comportamiento de su “coach”, me comenta que no se puede esperar mucho más de una persona cuya filosofía de trabajo es: “entrenar a tenistas muy buenos o muy guapos, de esta manera si no ganas dinero por los resultados, lo ganas por la publicidad”.

El gesto de este tenista me reconforta, pero no me hace recuperar el apetito, así que vuelvo a mi habitación y una vez allí, me acuerdo de mis amigos  y mi familia. Estoy en Australia y los echo de menos….

4 comentarios en ““Una raqueta, una lata y una cena”

  1. Hola a todos,
    Primero de todo, agradecer que leais mis historias, es una oportunidad de revivir mis experiencias, unas geniales y otras, a veces, menos buenas, pero todas me han enriquecido, tanto en lo profesional como en lo personal.
    En mis proximos articulos os contaré más, pero de momento no quiero que os quedeis con lo peor, si que en este artículo os presento al peor de la “especie”, pero quiero que sepais que conocí a gente genial y compartí muy buenos momentos con ellos. Os cuento más adelante,
    un abrazo,

    lidia

  2. Una vez más, Lídia nos obsequia con un artículo interesante, ameno y, sobre todo, humano. Hablando de esa parte, hay gente que cree que los deportistas de élite son súper hombres/mujeres, cuando son seres humanos como los demás, probablemente con características genéticas que ayudan a la práctica del deporte a ese nivel.
    Entre ellos, hay de todo: listos, tontos, guapos, feos, altos, bajos, buenos, malos, etc.
    Entre esas personas, los hay con clase y sin clase. Por regla general, la gente con clase es humilde y la que no tiene, soberbia.
    En el caso del personaje descrito, se nota que tenía una baja autoestima y esa gente acomplejanda, para superarlo, necesita hundir a los demás. Probablemente, todos se daban cuenta y lo aguantaban poco o mal. En todo caso, me da pena porque es el típico caso que, una vez pasada la gloria, se quedará más sol que la una y no me extrañaría que acabará mal…

  3. Muy buena experiencia…una de tantas!!!! me alegra saber que no soy tan estupido como pienso…hay gente que lo es más que yo! (no s que haya despreciado nunca a nadie, sino por mi caracter…) Lo unico que puedo decir es que de gente que “sabe mesno que tu” tb puedes aprender y este tio no lo tendría muy claro…

    por el resto…qu comentar, no tengo ni idea de como se vive el deporte de alta competición, así que supongo que tu lo tenías por la mano y si a tu “pupila” eso le iba bien, así es como trabajabas con ella.

    Queremos saber más!!!! Que bien sienta poder leer pequeños artículos y saber que todavía hay gente que le gusta compartir su experiencia!

    Invitaré a un amigo que tengo que ahora se va a trabajar a Moscou (al Dinamo) a ver si le apetece escribir las experiencias de allí!

  4. Muy intresante la forma de trabajar, ya que desde fuera ves que el jugador sale al partido y no aprecias el resto. No ves todo ese trabajo que hay detrás, esa espera, el no pasarte o quedarte corta en las atencionas; se puede llegar a entender, a veces, inicios de partido más o menos buenos de jugadores y que les cueste empezar o al revés, que salgan muy enchufados.

    A parte de esto, no conozco a nadie que por entrenar /o haber sido campeón del mundo sea mejor persona (o lo eres o no).
    Gracias por aportar tus experiencias en el blog

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