Un día en la carrera más dura; un día en el Dakar

Son las 4 de la mañana y el manager del equipo sacude mi tienda a modo de despertador, pero hoy no me ha sorprendido, llevo ya 15 minutos peleando para poder meter saco de dormir, esterilla, almohada y tienda en el mismo saco de donde los saqué anoche. Ayer por la mañana con las prisas y la inexperiencia esta tarea fue imposible, ¿cómo va a caber todo esto en esa bolsita?, tuve que pedir ayuda. Hoy, lo conseguiré.

Por fin salgo ya vestida y preparada para el trabajo, son las 4’05

En estas etapas por el desierto de Marruecos las pistas que recorren los pilotos están llenas de piedras, y a pesar de que los amortiguadores absorben los pequeños impactos, no es suficiente, la vibración que se produce en el manillar de la moto es muy fuerte y recae toda sobre los brazos, y las primeras en recibir estos pequeños impactos son las manos. Para evitar que estas vibraciones  produzcan heridas en las palmas de las manos, que podrían traer problemas más adelante, vendamos las manos de los pilotos con una especie de “tapping” de esparadrapo.

Ayer, a estas horas, aun de noche, tuve que hacer este vendaje a cada piloto antes de que estos subieran a sus motos para iniciar la etapa. Son momentos de mucha tensión, todo tiene que estar preparado, perfecto y rápido, no hay tiempo para improvisar.

Me acerqué uno por uno a los pilotos, con mis tijeras y mi esparadrapo y fui vendando sus manos, de pronto vi que el esparadrapo estaba teñido de rojo, me entró el pánico y rápido miré las manos del piloto, está claro que de haberle cortado me lo habría hecho saber (con más o menos amabilidad), pero yo insistí en revisar sus manos, nada, no tenía nada, miré las mías y vi que las líneas de las palmas de las manos se habían multiplicado!,  dos de la vida, tres de la felicidad, etc…, hace tanto frío en el desierto por la noche, que no noté nada mientras me estaba cortando.

Esto, hoy, tampoco me pasa, ayer noche deje todo el esparadrapo que necesito esta mañana cortado con las medidas de cada piloto, lo tengo todo dentro del coche, colgado en la puerta, también deje los batidos preparados en el bidón correspondiente a cada corredor, solo falta añadir el agua,  así que, a medida que tengo que vendar a cada uno se van acercando al coche, de este modo se van con su vendaje y su batido, preparados para subir a la moto.

Mi trabajo esta mañana está listo, busco con la mirada los frontales de mis compañeros de coche, es de noche y no se ve mucho más, aun no han ido a desayunar, todos esperamos a que partan los pilotos hacia su carrera para empezar nosotros la nuestra. Hoy sí que podré desayunar.

En nuestro coche de asistencia vamos un médico, dos mecánicos  y yo, mi entrada al equipo no fue muy bien recibida por los segundos, están acostumbrados a trabajar rodeados de hombres, las mujeres en el mundo del motor suelen ir acompañadas por un paraguas, ropa ceñida y tacón alto (con todos mis respetos, eh),  y a mi me ven como un lastre, una niña que nos va a traer problemas.  Lejos de sentirme marginada, me siento retada; ¡les voy a demostrar cuan equivocados están!

De momento hoy no me tienen que esperar, al contrario, antes de que digan “en marcha” yo ya estoy en el coche, la etapa de hoy será larga para todos.

Antes de abandonar el campamento recogemos la bolsa del “picnic”, que consiste en una bolsa de patatas fritas, tostaditas, foie-gras, queso,… y, mis preferidos, una bolsa de cacahuetes, para poder ir comiendo alguna cosa antes de llegar al siguiente campamento, pasados unos días cada uno tiene definidos sus gustos, así, las patatas de todos van a uno, el foie-gras a otro y ,como no, todos los cacahuetes para mi, quizá en la cadena de la evolución yo me quedé un poco atrás…

La ruta trascurre en casi su totalidad por el desierto, debemos viajar con los cascos y apretar bien el cinturón del backed, después de unos cuantos km entiendo el porqué, me siento como una pelota dentro de una lavadora en marcha. No se la razón, pero los conductores de los coches de asistencia tienen el mismo afán de competición que los pilotos que van dentro de la carrera; es ver un poco de polvo en el horizonte….y hala! a por ellos,  aunque he de reconocer que me lo paso genial, acabas un poco harto, porque lejos de lo que yo me imaginaba del desierto, arena lisa, suave y limpia, este está lleno de baches, por culpa de la hierba de camello, tormentas de arena, etc…, así que  pasadas unas horas tu cuerpo ya no es tuyo.

Por fin, tras unas ocho horas de “Dragón Can”, llegamos al campamento, seguimos con las prisas, no hay tiempo para recomponer huesos y órganos.  Los camiones ya han llegado (salen antes que nadie del campamento) así que todo el mundo sale corriendo a descargar el material, colocamos la gran lona en el suelo, los caballetes y las cajas de herramientas cada uno en su sitio a la espera de las motos. Ese trozo de desierto se convierte en el mejor de los talleres.

Yo descargo mi camilla y mi maletín, preparo los batidos, para que los pilotos solo llegar ya empiecen a recuperar, y espero las indicaciones del manager. Él me dirá donde haremos los tratamientos de recuperación, hoy ha conseguido una “habitación” (nada que ver con una habitación como nosotros la entendemos) en un poblado cercano.

Cuando llegamos colocamos la camilla en el pasillo, por ella irá pasando cada piloto, mientras, otro se ducha, y los otros van repasando el road book del día siguiente.

El manager me viene a meter prisa, debemos volver hacia el campamento, pero a mi aun me queda mucho trabajo, después de una jornada de entre 8 y 10 horas sobre la moto en un terreno tan hostil, no se puede recuperar a un piloto en media hora, y menos si no hay prisa. A veces vamos corriendo a todos lados por inercia, cuando le pregunto al manager que prisa hay no sabe que decirme, si limita a sonreír y preguntarme cuándo nos podemos ir, eso me gusta más. Él es el que más sabe de estrategias y organización de un equipo, pero no de cómo recuperar al piloto.

Mi rutina de recuperación consiste en un buen masaje descontracturante en la espalda y la zona más específica de cada piloto y su manera de conducir, manos, aductores, antebrazos, etc…, electroestimulación para oxigenar o aliviar alguna molestia si es necesario, movilización de las articulaciones de hombros y cadera y estiramientos. Y así van pasando uno por uno, todos  diferentes, compiten en la misma modalidad, pero cada uno la vive y gestiona de forma distinta.

Después de toda la tarde oyendo como corre el escaso agua de la ducha… no me da tiempo a ducharme, el manager ya me miraba de reojo hace  rato y lo último que quiero es retrasar el regreso por “el capricho de la niña para ducharse” así que, con mi propósito de no ser una molestia, no digo nada, en cuanto acabo con el último piloto recojo rápido.

Lo de la “habitación” solo es para que los pilotos puedan recuperarse y desconectar. El resto de actividad siempre se realiza en el campamento.

Una vez hemos acabado, volvemos: Ya es de noche y al entrar en nuestra zona me encuentro mi tienda montada!  Quizá parezca una tontería pero hoy  llevo más de 4 horas de masajes, ocho de viaje (con todo el sentido de la palabra) y un madrugón,… así que esto me parece un milagro, mis compañeros me consideran una más.

Estoy cansada, con varias capas de arena y sudor encima (como la mayoría) y con hambre, pero da igual, estoy en el Dakar y, ¡ya formo parte del equipo!

Con la sonrisa que produce la satisfacción del trabajo bien hecho me voy hacia la haima donde nos dan de comer, busco entre la gente, pilotos de motos deshechos, pilotos de coches demacrados, pilotos de camiones cansados pero con buen apetito,  mecánicos con la cara llena de grasa, jefes de equipo con prisas repartiendo los documentos con los últimos cambios del road book para el día siguiente, periodistas muertos de sueño, etc…veo a unos amigos periodistas debutantes como yo en la carrera, me siento junto a ellos y nos explicamos nuestro Dakar particular, porque en esta mágica carrera, cada uno tiene su aventura, y lo mejor de ella es poderla compartir a final de día,  una vez cada uno ha acabado su trabajo, sentados bajo la haima, con una café calentito en las manos, pasamos cuenta de lo que ha dado el  día, los veteranos nos deleitan con sus experiencias, y los novatos  respiramos profundo para absorber el máximo de este ambiente. Es ya muy tarde, todos estamos cansados pero nos pueden las ganas de compartir, de alargar al máximo los días en esta carrera.

Sin darnos cuenta estamos estableciendo unos lazos de unión, una amistad que solo en un lugar como este y en una carrera como esta se pueden crear.

Es hora de ir a descansar, preparo el material para mañana (más bien para dentro de unas pocas horas), cojo todos los botellines de agua que puedo cargar para administrarlos, una parte para el “baño” antes de irme a dormir, otra para preparar las bebidas para los pilotos.

Ya dentro de mi tienda, mi pequeño universo en este otro gran universo del Dakar, dejo toda la ropa preparada, me meto en mi saco de dormir, y tengo la sensación de estar en el Hilton: ¡qué bien se está!. Antes de dormirme, abro los ojos, miro fuera, veo las estrellas y sonrío, estoy en el Dakar, ¡y no es un sueño!

3 comentarios en “Un día en la carrera más dura; un día en el Dakar

  1. Que interesante como te apasionas estar inmiscuida en ese mundo del road, es una aventura todo lo que haces y te admiro por tu tenacidad para soportar eso días tan pesados.

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